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Sinopsis: Novela íntima, salvaje, aleatoria, corrosiva y biográfica. Un enorme contenedor monográfico donde todo cabe o casi: desvelos, carcajadas, sexo, polvos, amoríos, guasas, ansiedades, anécdotas, borracheras, pensamientos, personajes y otras lujurias....Todo desarrollado a un ritmo trepidante y sonoro. La obra se divide en 3 partes y multitud de capítulos.

Capítulo: Milagros (extracto 1)






Apareció también Harold, que últimamente andaba desaparecido, al parecer enamorado hasta los tuétanos. No sé, pero me dio la sensación de verle algo angustiado, aunque tampoco le presté mucha atención ya que el objeto inmediato de mi interés era Mila, envuelta en su elegante abrigo, que de alguna manera recordaba a una confortable bata aristocrática de andar por casa.

Estábamos prácticamente todo el grupo de colegas al completo juergueando en compañía de las amables y algo silenciosas extremeñas, a excepción de Mecky, que el pobre, por la tarde se fue con sus sobrinitos al cine, sin imaginarse ni por asomo lo que iba a acontecerle. En medio de la película empezó a sentirse fatal y su cara se puso primero amarilla y luego morada. Salió corriendo al servicio y con violencia de asno preso del telele, empezó a vomitar sus inmundas entrañas, agarrado a la taza del váter como si fuera un flotador salvavidas, y en ésa postura tan miserable echó hasta el último átomo del fatídico bacalao que le dieron de comer sus tíos. Sólo le quedaron fuerzas para arrastrarse hasta su casa y tenderse, como un trozo de corcho reseco, en la cama hasta el día siguiente.

En cuanto a mí, procuré no beber mucho, ya que la mezcla de ansiolíticos y alcohol es dinamita pura. Con semejante mezcla dentro, hay momentos en que te sientes con más energía que una central nuclear y te da la sensación de estar a punto de explotar igual que esas estrellas novas inmersas en el infinito del cosmos.

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Capítulo: Rosa o recorrer varios kilómetros en un espasmo (extracto 1)






Lo cierto es que tampoco me hace falta mucho tiempo de recuperación con ella, porque me pone cachondo ipso facto. No sólo está el sabor a regaliz rosa de su coño, sin ir más lejos están también sus tetitas, que huelen a leyenda de vírgenes vestales. Me puedo embriagar con ese olor que emana de sus pequeños pechos como si tomase absenta. Y toda su piel: no puedo parar de tocarla.

De hecho, la última vez que nos revolcamos y fornicamos en la cama de matrimonio de sus padres sucedió todo esto.

Me la tiré a cuatro patas después de un larguísimo polvo multipostural, que de tanto aguantar el no-eyacular al final se me bajó, sobre todo también porque ella abusó de la postura-tijera. Pues en breve, a la segunda embestida, cuando cogía sus cabellos como si fueran riendas, entre que la castigaba desde atrás, yo de rodillas pegado a su culo como una lapa, mi pelvis estallando una y otra vez contra sus bamboleantes nalgas, sus glúteos de parafina, y sonaba chof chof chof chof, y mis neuronas se encabritaban y se subían a un cohete imparable a cada chof chof chof chof, con lo cual vi en seguida que iba a tardar un suspiro en eyacular y ésta vez no lo retuve. Me corrí tan agusto y egoístamente. Ella se quedó cachondona perdida, como un grifo que se ha atascado y no cierra el manantial a borbotones de su líbido. Ella quería seguir a toda costa y empezó a hacerme cosquillas, retorcerme la cola desesperadamente, a lamerme la oreja como si fuera de mermelada, a masticarme los hombros con dientes de alocada sierra... a joder la marrana, en definitiva.

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Capítulo: La Guillotina (extracto 1)






Estoy especulando, ya que, naturalmente, no sé si la cuchilla caerá sobre mí cuando pase por debajo, quizá no. Seguramente no. Mas no puedo impedir verlo como una terrorífica amenaza. Si no me decido a caminar, a dar la vuelta o a olvidar el presumible peligro y permitirme un largo revolcón en la hierba fresquita y cautivadora, se debe a que mi parálisis (una parálisis que respira, no de estatua), además de estar motivada por el pánico y la fascinación hipnótica antes mencionados, también está motivada por el esfuerzo obsesivo por comprender el significado de ésa extraña puerta criminal que me aguarda en la distancia del futuro.

Descubro que soy yo mismo quien ha puesto ésa puerta fatal ahí, justo enfrente de mí. Soy el creador de ése diabólico artilugio. El hecho de que ni la guillotina ni yo nos movamos, me dicta la impresión de que ambos nos estamos enfrentando. De la misma manera que Don Quijote daba a un molino la apariencia de malhechor gigante y antes de emprender la acción, estudiaba la estrategia de ataque para derribar al monstruo. Monstruo de la imaginación.

Otro símil de éste enfrentamiento entre la guillotina y mi menda es el típico duelo que presenciamos en los westerns. Los dos pistoleros quietos y tensos sin despegar el ojo del contrario, enfrentados, vigilando con los seis sentidos el mínimo micromovimiento que determine la acción.

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Capítulo: Insomnio (extracto 1)






No se puede escribir cuando todos tus sentidos rezuman los jugos de los coitos recién pertrechados. Es cuando llevas un tiempo sin follar cuando te asaltan preguntas, cuando quieres entender, cuando te vuelves lírico, cuando se para la noria de perseguir faldas y en el espejo te ves dos ojeras de anciano tiburón sangriento y en la mirada un cierto brillo de inteligencia indolente.

O a lo mejor es que resulta que estoy enamorado hasta los cimientos y aún no me he percatado, porque si es así, Leticia supone algo así como una larga espera en los pasillos de un hospital.

Un amor que se paraliza en el rincón donde murió el abuelo republicano.

Un amor que aguarda el nacimiento ante mis narices de la Venus-Leticia.

Hay algas por todas partes que nos ensombrecen el rostro.
Enamorarse de una estatua que muy lentamente se hace carne, piel, cartílagos... Tan lentamente que no se percibe cambio en absoluto. Me tumbo sobre el colchón hundido de mi sofá y no duermo. Transito habitaciones y calaveras de mi mente.

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Capítulo: Circe y las Sierpes (extracto 1)






Circe, que desencadenaba los vientos, excitaba los granizos y las borrascas y daba a los hombres toda clase de enfermedades (del corazón).

Circe, que sació de voluptuosidades a Ulises con fingida sumisión.

Circe, que parió de sus pulposas entrañas al hijo que habría de matar a su propio padre Ulises.

Irresistible, Circe, mujer, Irene, grupa de yegua, leotardos de cebra, óvulos: cavernas, diluvios, acantilados, madres, serpientes, guillotina, yugo.

Ni haciéndose ermitaño y dando un portazo al mundo, puede uno librarse de los pérfidos licores de Circe, sus sedas, sus labios verticales, sus brebajes etéreos que duermen la conciencia del hombre cansado, sus trenzas helénicas de terciopelo, su perfecta cadera nivelada con el horizonte, su artística ovulación menstrual, su lengua bífida.

Circe, que comete impune sus crímenes amorosos de mantis religiosa justo cuando boqueas como pez fuera del agua al aliviar el empuje industrial de tus espermatozoides frenéticos.

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