No se puede escribir cuando todos tus sentidos rezuman los jugos de los coitos recién pertrechados. Es cuando llevas un tiempo sin follar cuando te asaltan preguntas, cuando quieres entender, cuando te vuelves lírico, cuando se para la noria de perseguir faldas y en el espejo te ves dos ojeras de anciano tiburón sangriento y en la mirada un cierto brillo de inteligencia indolente.
O a lo mejor es que resulta que estoy enamorado hasta los cimientos y aún no me he percatado, porque si es así, Leticia supone algo así como una larga espera en los pasillos de un hospital.
Un amor que se paraliza en el rincón donde murió el abuelo republicano.
Un amor que aguarda el nacimiento ante mis narices de la Venus-Leticia.
Hay algas por todas partes que nos ensombrecen el rostro.
Enamorarse de una estatua que muy lentamente se hace carne, piel, cartílagos... Tan lentamente que no se percibe cambio en absoluto. Me tumbo sobre el colchón hundido de mi sofá y no duermo. Transito habitaciones y calaveras de mi mente.
O a lo mejor es que resulta que estoy enamorado hasta los cimientos y aún no me he percatado, porque si es así, Leticia supone algo así como una larga espera en los pasillos de un hospital.
Un amor que se paraliza en el rincón donde murió el abuelo republicano.
Un amor que aguarda el nacimiento ante mis narices de la Venus-Leticia.
Hay algas por todas partes que nos ensombrecen el rostro.
Enamorarse de una estatua que muy lentamente se hace carne, piel, cartílagos... Tan lentamente que no se percibe cambio en absoluto. Me tumbo sobre el colchón hundido de mi sofá y no duermo. Transito habitaciones y calaveras de mi mente.
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